miércoles, 28 de marzo de 2012

SOBRE GUSTOS ESTÁ TODO ESCRITO XXXII


SETENTA AÑOS SIN MIGUEL HERNÁNDEZ
PARA LA LIBERTAD
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol caudal, generoso y cautivo,...
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho; dan espuma mis venas
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

lunes, 26 de marzo de 2012

QUIJOTESCAS IX



Capítulo 25

Éste es el sitio donde el humor de mis ojos acrecentará las
aguas de este pequeño arroyo, y mis continuos y profundos suspiros moverán
continuamente las hojas de estos montaraces árboles, en testimonio y señal de
la pena que mi afligido corazón padece.
Capítulo 34

El amor, según he oído decir, unas veces vuela y otras anda;
con éste corre, y con aquél va despacio; a unos entibia, y a otros abrasa; a
uno hiere, y a otros mata; en un mismo punto comienza la carrera de sus deseos,
y en aquél mismo punto la acaba y concluye; por la mañana suele poner el cerco
a una fortaleza, y a la noche la tiene rendida, porque no hay fuerza que le
resista.

Capítulo 23

El retirar no es huir, ni el esperar es cordura, cuanto el
peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es guardarse hoy para mañana, y
no aventurarse hoy.

Capítulo 25

-Ni yo lo digo ni lo pienso-respondió Sancho-; allá se lo
hayan; con su pan se lo coman. Si fueron amancebados o no, a Dios habrán dado
la cuenta. De mis viñas vengo, no sé nada; no soy amigo de saber vidas ajenas;
que el que compra y miente, en su bolsa lo siente.

Capítulo 34

Él es, según yo veo y a mí me parece, agradecido, bueno,
caballero, dadivoso, enamorado, firme, gallardo, honrado, ilustre, leal, mozo,
noble, honesto, principal, cuantioso, rico, y las eses que dicen, y luego,
tácito, verdadero. La X no le cuadra, porque es letra áspera; y la Y ya está
dicha; la Z, zelador de su de tu honra.

Selección de Laura Plaza

LITERALMENTE XXVII


Allí
estaba yo, terminando aquella maqueta de mi casa de ensueño, la cual en algún momento de mi vida desearía
tener como verdadera, en la cual pudiera vivir. Fue algo mágico, al día siguiente
de terminarla las cosas me empezaron a ir a mejor, encontré un trabajo decente,
fijo y bien pagado no como en los últimos que tuve, que no tenía ni contrato, por primera vez vi que
mi vida avanzaba en vez de estar estancada en un mismo punto, en aquella
pequeña habitación de la casa de mis padres, soñando en cómo salir de allí a
mis 27 años. Mi trabajo en la empresa fue prosperando y todavía seguía viendo
aquella preciosa maqueta encima de mi mesa de trabajo, esperando la oportunidad
de poder tener una igual. Un día sin previo aviso se presentó mi hermano con su
hijo, el cual desde que vio mi maqueta deseaba jugar con ella. Aquel día llegué
tarde y vi a mi sobrino con mi amada maqueta en las manos, al intentar
quitársela se enfadó y por impulso la
lanzó por la ventana. Vi salir mis sueños y la casa de ellos por la ventana. A
partir de aquel día todo me fue a peor, al día siguiente perdí mi empleo y toda
esperanza de independencia. Es como si al tirar aquella casa por la ventana me
halla traído la desgracia, al igual que al crearla me trajo la felicidad. Desde
aquel momento construyo otra, pero esta vez será de verdad no será de ensueño,
algo más modesta, al alcance mis posibilidades, pero la consideraré mi hogar.

Luis Pantaleón

LITERALMENTE XXVI


Tener malos humos
Mi nombre es Pepe, pero no creo que mi nombre sea algo relevante en
esta historia. Yo soy un chico normal, que tiene una vida normal y que día a
día se levanta de la cama, desayuna, estudia, come, estudia, juega al fútbol,
estudia y cena, y así cada día, como una marmota. Pero hace 3 años yo no era
una persona normal. Un día mi padre decidió echar un boleto de quiniela. Yo no confiaba en el entendimiento
de mi padre sobre temas futbolísticos pero sin saber cómo acertó quince. Quince
aciertos en la quiniela más difícil de la historia. Tres millones de euros, una
fortuna…
Mi padre decidió invertirlo, en una casa en una zona a las afueras
de la ciudad en la cual vivíamos. No era una casa normal, sino una gran casa,
increíble. Con su piscina, sus tres plantas, su chimenea…Y en que hora tendría
chimenea.
Un día normal de invierno, mi padre decidió encender la chimenea. Yo
cogí unas cartas de un ex amor mío, en las cuales se acordaba de toda mi
familia y las arrojé al fuego. Esa chimenea no tenía buena pinta…
De repente comenzó a salir humo por todas partes, malos humos se
apoderaron de la casa. Nosotros conseguimos salir entre toses, la casa no
consiguió salvarse del todo.
Está claro que unos malos humos nos habían devuelto a nuestra
anterior vida. Y, lamentablemente, no guardaré buen recuerdo de aquel amor de
verano.

Daniel Huertas López-Rey

viernes, 23 de marzo de 2012

QUIJOTIZANDO EL SIGLO, VIII



“De lo que le
ocurrió a Iñaki con dos señoritos sevillanos”

Era una mañana fresca y agradable de
primavera. La puerta del Sol de Madrid se hallaba concurrida, y en uno de sus
pequeños sitios con sombra estaba sentado Iñaki. Estaba tranquilo, sosegado, en
paro. El pobre no tenía nada en lo que pudiera trabajar y era el último mes que
cobraba el subsidio. Había algunos que le llamaban loco, otros, luchador, los
más malos, demente. Y en parte lo era, porque su frase favorita era “cerdo burgués”.
Era muy crítico con el consumismo del siglo veintiuno y defendía a muerte sus
ideales perro-flautas. Le gustaba estar en Sol, porque, según los innumerables
artículos del Veinte minutos que había leído, allí se había originado la mayor
de las revoluciones contra los banqueros y políticos en España.

Iñaki, como de costumbre estaba en su quietud,
observando el panorama matinal, cuando de repente le sobresaltó no una, sino
dos voces chulescas de dos hombres que a su parecer eran sevillanos. El joven
se acercó y acechó durante unos instantes, tiempo suficiente para que esos dos
sujetos, dijeran un parlamento que incomodó bastante a nuestro protagonista:
-Me parece a mí, Tomás, que este Madrid es
bello y agradable, bohemio y extravagante a la vez, el único defecto que le
encuentro es que no tiene un buen club náutico.
-A falta de clubes náuticos, Pepe, buenos son
campos de golf, y una chapita del club del gourmet de esa cafetería tan buena
que hemos visitado.
Y escuchando esto no tuvo otro remedio Iñaki
que saltar al lado de esos dos hombres y comenzar un parlamento que
difícilmente podrán los señoritos olvidar.
-Mucho club náutico y mucho mamoneíto tienen
ustedes. Este Madrid es inigualable, pues ese espíritu de rebeldía que en estos
tiempos lo recorre no son menos que admirables. Revolución es lo que hace falta
, valor y ganas. Asustaros deberíais agentes del consumismo y capitalismo, que
yo soy Iñaki de Molina, mas conocido como el “Joven de flauta sin perro”, estoy
sindicalizado y defiendo y lucho por los derechos de los que trabajan.
Anonadados y confundidos los dos señoritos
sevillanos se pidieron unas cañas y unos montaditos. Y decidieron divertirse un
poco con aquel hombre, claro ellos desconocían hasta entonces lo que era Madrid
y la cantidad de personajes variopintos que en aquella ciudad convivían.
-¿Que te parece, Tomás, que disfrutemos de
unas cañas con este nuestro nuevo amigo?
-Simplemente, me parece.
En poco tiempo, trajo el camarero un par de
jarras de cerveza y algo pequeño que debería de ser el supuesto tentempié.
-Cuéntenos más- dijo Pepe- ¿por qué lleva
usted esta vida?
-No la llevo, la cargo a las espaldas, por que
me pesa. Vivo con mi madre, una pesada, a mi padre poco lo veo, pues es
taxista. Pero esta plaza es un rincón para mí de tranquilidad.
Iñaki se levantó, se giró y les mostró todo el
esplendor de aquel lugar. Hubo pasado un segundo, cuando los dos sevillanos
corrían que se las pelaban hacia una de las calles afluentes a la plaza. El
joven gritó tres palabras, y comprendió lo que pretendían. Se bebió el culillo
de cerveza que aún quedaba, también los restos de aquel montadito. Sobresaltado
por los gritos, apareció el camarero.
-La cuenta, por favor. - dijo Iñaki, y siguió-
Hay que joderse, vienen, comen y disfrutan y al final siempre lo mismo... siempre pagamos, trabajadores y jóvenes ilusionados, que intentamos conseguir
en la vida aquello que nos proponemos,
los problemas que ricos y políticos ocasionan.
Es pesado, pero es
real y no podemos seguir así.

Jesús Carreras.

LITERALMENTE XXV


Era un día frío y desapacible, mi mujer y yo llevábamos hora y media
de viaje de vuelta a casa, tras haber pasado el fin de semana en su pueblo. Los
árboles sin hojas abundaban por ese paisaje de campo, todo parecía tranquilo,
cuando de repente, mi esposa, me agarró fuertemente del brazo, sin mediar
palabra alguna. Me soltó, pero a los pocos segundos volvió a agarrarme con más
fuerza aún, gimiendo de dolor. Faltaría decir que estaba embarazada de ocho
meses y medio, pero no salía de cuentas hasta diez días después. Acababa de romper
aguas, y no había hospitales cerca de allí. Intenté que se tranquilizara pero
me di cuenta de que ya era demasiado tarde para ir a ningún sitio. Detuve el
coche en mitad del campo, y decidí actuar, ya que no tenía ninguna otra opción.

Coloqué a mi mujer en el asiento trasero, y “la puse a parir”. Ella
no dejaba de chillar, y yo estaba muy nervioso, pero pasado un rato todo finalizo,
cogí a mi hijo en brazos y se lo entregué a su madre, llamé a una ambulancia y
cuando vino, se les llevaron a un hospital cercano. De camino al lugar, pensé
que el joven Miki no podía haber nacido en mejor momento.

Daniel Calvo

LITERALMENTE XXIV

Listo?

Aquel
sucio internado alejado de la mano de dios era la prueba, había desperdiciado
mi vida, no servía para nada, y me dejaron en él abandonado a mi suerte... O
eso es lo que pensaba hasta que un día, buscando entre los polvorientos libros
de la biblioteca encontré un viejo Quijote. Lo abrí por una página al azar y
encontré la frase que me inspiró, y que me llevaría hacia la solución a mi
ignorancia... o a la locura?

La
parsimonia de los pasillos del internado se rompió tras la desaparición del profesor
de Historia. Nadie sabía qué había sido de él. Pero no fue el único caso, en
los días siguientes ocurrió lo mismo con los de Matemáticas, Filosofía y
Biología. Yo, sinceramente, me sentía igual que siempre, y empezaba a dudar de
que esa fuese la solución. Absorto en mis preocupaciones, ajeno a los problemas
del internado, seguí pensando la solución.

Durante
meses, alumnos brillantes desaparecieron sin dejar rastro aparente, y dada la
incomunicación del internado, no se había informado a nadie sobre lo
ocurrido...

Desde
luego, empecé a notar cambios en mí, tal vez empezaba a dar resultado aquello,
no sé qué era pero me sentía diferente, tal vez más listo que hace meses o tal
vez no...

El
agente Frank Tenpenny tiró abajo la puerta y encendió la linterna. El internado
estaba oscuro, después de años vacío. Cuando llegó a la biblioteca quedó
horrorizado. Cientos de cuerpos, descompuestos en el suelo, y sobre ellos, uno
que no debía de llevar mucho tiempo muerto. Siguió alumbrando con la linterna
hacia la pared y no pudo evitar sentir como se encogían sus tripas. Estaban
completamente manchadas de sangre, y miles de veces escrita la frase "con
sangre, la letra entra". Siguió mirando hacia el techo y fue cuando de
verdad notó el dolor en sus entrañas, pero esta vez, lo habían atravesado con
un cuchillo... El cuerpo aún no estaba muerto.

-Por
fin soy listo... ¿o no?-

Alejandro López Bermejo