viernes, 13 de enero de 2012

SOBRE GUSTOS ESTÁ TODO ESCRITO XXII


Después
de aquello, nada volvió a saberse de Bruno. Varios días más tarde, después de que
los soldados hubieran registrado exhaustivamente los alrededores y recorrido los
pueblos cercanos con fotografías del niño, uno de ellos se encontró el montón
de ropa y las botas que Bruno había dejado junto a la alambrada.
No tocó
nada y corrió en busca del comandante. Este examinó el lugar y miró a derecha e
izquierdas, tal como había hecho Bruno, pero no logró explicarse qué le había hecho
Bruno.
Era como
si hubiera desaparecido de la faz de la tierra dejando solo su ropa. La madre
se quedó en Auschvitz varios meses, para esperar noticias de Bruno, entonces
pensó que podía haber vuelto a su antiguo domicilio en Berlín, pero cuando
llegó Bruno no estaba sentado en las escaleras que ella esperaba.

El niño del pijama de rayas, John Boyne

Eduardo Crispín

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