martes, 20 de diciembre de 2011

POR PRINCIPIOS LIII



Se había convertido en un
acontecimiento anual. Hoy el destinatario de la flor cumplía ochenta y dos
años, al año siguiente quizás ochenta y tres, o quizás no.
Fermín era un hombre mayor,
aunque viendo su aspecto no se pudiera ver con certeza cuantos veces había
soplado las velas, si se podía ver en sus ojos brillantes que su vida había
logrado conseguir la felicidad aunque apenas ya lo recordara. La flor venía de
María, su mujer. Al recibirla, Fermín miraba extrañado, María se limitaba a
sonreír.
Muchas veces pensamos que porque
se sea mayor el amor se esfuma, pero no, no es así. Aunque del amor no podamos
sacar una definición exacta, porque definir es limitar y este sentimiento no
tiene límites, sí que podemos ver el grado con el que se ama.
No muy lejos, unos cincuenta años
atrás, Fermín amaba en silencio, María era feliz a gritos. Fermín estaba enamorado
de ella desde que se conocieron en la escuela. María era la chica más guapa de
su colegio primero, de su instituto después, de su universidad más tarde, y
para él de su país incluso. Pero la chica no compartía el sentimiento. Ella
estaba enamorada de otro chico, el equivocado quizás. Fermín era un adolescente
corriente, María no pasaba desapercibida. Ella era feliz con su novio de
entonces pero el destino quiso que, por suerte o por desgracia, el novio de la
muchacha no fuera justo con ella. Un día como otro cualquiera, María se dirigió
a ver a su novio y para su sorpresa le encontró con Norma, otra chica del
barrio donde vivía. En ese instante el mundo cayó sobre María. Salió del lugar
donde les pilló sin decir palabra y fue a parar a un banco de un parque
solitario en aquel invierno de 1949.
Pero el destino quiso que, cuando
la joven se sentó en aquel parque y comenzó a llorar apareciera Fermín, como un
supe héroe que rescata a su amada, aunque la amada no supiera del sentimiento
del chico hacia ella.
-¿Qué te pasa María?-le dijo el
chico.
-Nada Fermín, déjame- contestó
María entre lágrimas.
-¿Sabes una cosa? Por muy fuerte
que sea el motivo de tus lágrimas, creo nadie merece las lágrimas de una chica
tan guapa como tú.
El chico consiguió sacarle una
pequeña sonrisa. Una sonrisa que no quedaría ahí. Esa sonrisa fue el comienzo
de todo. Con el paso del tiempo, María fue refugiándose en Fermín para cruzar
ese obstáculo que el destino había puesto en su camino. Y así fue, como de
verdad conoció una persona que sí que la amaba como ella merecía. Y nació el
amor que tanto había constado encontrar. Nació entonces la felicidad en la vida
de Fermín.
Como diría un cuento corriente,
fueron felices y comieron perdices. Pero Fermín, con el paso del tiempo vio viendo
cada vez más borroso su camino hasta que un día dejó de verlo todo. Dejó de ver
aquella sonrisa del parque, dejó de ver los 40 años que pasó después al lado de
María. Dejó de ver el nacimiento de sus 2 hijos, la luna de miel, el primer
beso y el más pasional. Lo dejó todo atrás sin querer. Aunque la felicidad
seguía en su vida, ya no la recordaba. Fermín cambió sus recuerdos una
enfermedad. Fermín tenía Alzhéimer.

Daniel Huertas

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